Catequesis sobre el Bautismo

CATEQUESIS SEMANA SANTA 2011
EL BAUTISMO
El Bautismo es el primero de los sacramentos, verdadero nacimiento como hijos de Dios, nacimiento a la vida de la gracia; los sacramentos son momentos importantes de la vida cristiana, misterios de fe, signos visibles que comunican la gracia invisible. Tienen su origen en Jesús, en su Palabra y en sus acciones, la Iglesia se sabe portadora de este misterio y los administra a sus miembros para que alcancen la “talla adulta de Cristo”: El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo (Benedicto XVI, Mensaje de Cuaresma).


El Bautismo aparece como signo de arrepentimiento y conversión en la misión de Juan, apodado por ello “el Bautista” (Mc 1,4-5), a él le correspondía preparar los caminos para la llegada del Señor, quien fue bautizado por el mismo Juan (Mt 3,13-17) y en ese momento hubo una revelación trinitaria, el Padre que habla sobre el Hijo, el Hijo que al bautizarse comparte la condición de los hombres y su destino (puesto que comparte ya nuestra carne, cfr. Jn 1,1ss) y el Espíritu Santo que se posa sobre Él como señal de unción mesiánica.
Luego Jesús y sus Apóstoles se convertirían también en administradores del Bautismo, pasando este de ser mera expresión de conversión a nuevo nacimiento en el Espíritu, así lo entendemos en el diálogo de Jesús con Nicodemo (Jn 3,1-8) donde queda claro que se requiere nacer del agua y del Espíritu para entrar al Reino de Dios, el Bautismo se convierte así en necesario para la Salvación.
La importancia que cobra el Bautismo entonces radica en que hace del ser humano un hombre nuevo, así lo enseñará san Pablo en 2 Cor 5,17, ¿pero cómo se realiza esto? La respuesta más detallada se encuentra en la carta a los Romanos, concretamente en el capítulo 6, allí Pablo explica que lo que nos salva es el Misterio de la Cruz (es decir, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, que es los que nosotros celebramos en el Triduo Santo), en efecto en el Bautismo el hombre muere con Cristo al pecado y resucita con Cristo para la vida eterna (Rom 6,1-11) de modo que ya no vivamos para el pecado sino para Dios en Cristo Jesús.
El Bautismo está siempre ligado a la fe, así aparece en el mandato misionero que el Señor Resucitado les da a sus apóstoles (Mt 28,18-20 en donde el Señor manda bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo), de igual manera la Iglesia ha celebrado el Bautismo desde Pentecostés y siempre unido a la fe, tal y como leemos en el discurso de Pedro (Hch 2,37-41) y también cuando Pablo y el carcelero (Hch 16,31-33), sobre esto el número 1226 del CEC.
El Bautismo es un baño o lavado que purifica incluso del pecado original (Cfr. Rom 3,23; CEC 1228), se realiza con agua y puede ser por inmersión o infusión. El Bautismo exige siempre un camino de preparación y maduración que culmine en el Gran Sacramento de la Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) tal y como se hacía en la antigua Iglesia; este camino recibe el nombre de Catecumenado (y de catecúmenos los que lo viven) y consta de varias etapas pedagógicas las cuales han quedado sumamente abreviadas en el Bautismo de niños, que ha venido a ser la forma más común de recibir el Bautismo (el Bautismo de niños no se opone a la voluntad de Cristo, puesto que no va contra la libertad, la gracia siempre es un don y como tal se les confiere a los niños en virtud de la fe de sus padres): El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente. (Benedicto XVI, Mensaje de Cuaresma).
En los números 1234 al 1245 del CEC se describe con detalle el abundante uso de signos y símbolos con los que se enriquece la celebración del Bautismo, el agua por ejemplo aparece como el vínculo entre la Antigua y la Nueva Alianza ya que en ambas este signo goza de mucha importancia (Cfr. Bendición del agua bautismal en la Vigilia Pascual), la luz del Cirio pascual que representa a Cristo Resucitado y Luz del Mundo (Jn 8,12), la vestidura blanca, etc.
El Bautismo solo se recibe una vez, puesto que imprime carácter, es decir, sella al bautizado como criatura nueva, por ello no puede reiterarse. Además el Bautismo es necesario para la salvación (CEC 1260).
¿Cuáles son los efectos del Bautismo?
1. La remisión de los pecados: el bautizado queda libre del pecado original, de todos sus pecados personales y de las consecuencias del pecado, pero no significa que ya no pueda pecar. CEC 1263.
2. Ser una criatura nueva: hijo de Dios (Cfr. Jn 1, 12; Gal 4,5), a este misterio se le llama filiación divina ya que nos une íntimamente con Dios a quien podemos llamar Padre según la enseñanza de Jesús (de ahí la importancia del Padrenuestro para nosotros como católicos), siendo así también coherederos con Cristo (Rom 8,17) y templos del Espíritu Santo (1 Cor 6,19). Gracias a este don podemos Conocer, Amar y Servir a Dios, por el Bautismo somos capacitados para darle culto de adoración en “Espíritu y en Verdad” (Jn 4,23-24), que quiere decir unidos a Cristo, porque Él es la Verdad (Jn 14,6) y nos da su Espíritu (Jn 14,17).
3. Somos incorporados a la Iglesia: la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y al ser “injertados” en Cristo por el Bautismo quedamos unidos también a su Cuerpo, formado por todos los bautizados (1 Cor 12,13), somos además “piedras vivas” de la Iglesia (1 Pe 2,15) y participamos del Sacerdocio de Cristo (1 Pe 2,9), ya no nos pertenecemos a nosotros mismos sino a Cristo y a los hermanos, por ello debemos guardar la comunión con la Iglesia, en la cual como bautizados tenemos derechos y deberes.
4. Sellados por el Espíritu: el sello que nos da el Espíritu Santo en el Bautismo (Ef 4,30) no se puede borrar, es para siempre, nos ha consagrado como suyos y su presencia nos acompañará toda la vida.
El Bautismo es administrado ordinariamente por el Obispo, los Presbíteros y los Diáconos, pero en peligro de muerte cualquier fiel puede bautizar siempre y cuando lo haga con agua, con la fórmula adecuada (en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo) y con la intención de hacer lo que hace la Iglesia (lo cual vale incluso para un no católico o no creyente que tuviera que bautizar a uno que está en peligro de muerte).
El Bautismo entonces no es un mero recuerdo de algo que Jesús hizo y que nosotros piadosamente celebramos, al contrario, es un verdadero renacer en Cristo, puerta de la salvación y entrada en la vida de la Gracia, por el Bautismo se obra la redención al hacernos participar del Misterio Pascual de Cristo que murió en la Cruz por amor a nosotros y que resucitó para darnos la Vida verdadera. Este don inmenso e inmerecido es el que con el corazón lleno de fe renovaremos al celebrar la Vigilia de la Noche Santa en que conmemoramos la resurrección del Señor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s