El dolor de volverse a levantar

¿Te has caído alguna vez? Entonces sabes que por lo general levantarse siempre es difícil, sobretodo cuando no lo puedes hacer por ti mismo y tienes que pedir ayuda…ahora bien, hay caídas físicas, emocionales y morales que conforme va pasando la vida vamos experimentando con mayor o menor aceptación.

Yo reconozco que una de las cosas que más me hace de sufrir cuando se trata de levantarme de mis caídas no es propiamente lo fuerte de las mismas sino la vergüenza de reconocer mi debilidad; es que me esfuerzo por presentarme todos los días como alguien fuerte e invulnerable, siempre dueño de mí mismo y seguro en mi actuación cotidiana, trato de vivir siempre con orgullo y hasta cometo frecuentemente el error de creerme autosuficiente.

Así cuando caigo es como si un meteorito se impactara con la corteza de mi identidad aparente rompiéndola en pedazos, quedando expuesto ante los demás y peor aún ante mí mismo en toda mi torpeza, miseria y fragilidad. Siempre acude a mi mente mientras lucho por levantarme esta pregunta ¿cómo es posible que yo haya caído tan indecorosamente? No debería ser así, yo debería permanecer incólume ante los embates de la vida, porque yo soy importante, soy grande y se espera mucho de mí; no quiero que me vean llorar, no quiero que se den cuenta de cuánto me duelen mis caídas, no quiero que sepan de mis miedos e inseguridades, es más, todo eso no quiero saberlo yo.

Pero precisamente la caída pone en evidencia algo, una realidad de fondo, debilidad y soberbia (que no es sino una máscara para esconder la propia indigencia) y genera angustia al tratar de aceptar ser ayudados por alguien más, aunque hay caídas de las que es fácil y rápido reponerse hay otras más duras, más aterradoras.

Sin embargo una vez caído surge la posibilidad de salir de sí mismo, de mirar agradecido a aquel que te ayuda sin juzgarte por pura humana solidaridad, es la ocasión para aprender algo maravilloso: que todavía hay bondad en los seres humanos. La gratitud no se debe hacer esperar, ni tampoco la correspondencia, pero lo más grande es que puedes hacer una nueva experiencia de lo que significa ser persona humana, de lo grande que es ser pequeño y necesitado. Al menos yo al hacer (constantemente) esta experiencia de caer y levantarse he encontrado el camino para una vida más plena y feliz, sintiéndome agradecido por no estar solo y por la increíble oportunidad de ser levantado por Dios, de ser alzado hacia el misterio de la existencia y el amor, y de un día, cuando tenga altura suficiente, poder mirarlo a la cara.

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