Meditación

Estar delante de Alguien

Como cristiano he aprendido que no puedo vivir mi fe sin oración, que la oración es una constante en mi vida, así de pronto voy en la calle o estoy en algún lugar público o con los amigos frecuentemente me piden que ore por ellos…así me sucedió hace algunos días mientras estaba en la cama del hospital en recuperación de una cirugía, entró la enfermera para tomarme la presión y mientras lo hacía observé que miraba el rosario que estaba junto a mi cama, cuando terminó de anotar mis signos vitales me dijo “cuando hable con Dios hoy acuérdese de mí” y se fue; me quedé impresionado, no por la petición sino por la advertencia “cuando hable con Dios hoy”, “es cierto” me dije, “hoy tengo que hablar con Dios” parece algo obvio, todos sabemos que la oración es hablar con Dios pero aun así a veces se nos olvida.

Y es que muchas veces cuando me presento ante Dios para orar me doy cuenta de que no estoy solo, hay mil voces más que me acompañan, son las voces de mis preocupaciones y pensamientos, todo un mundo que exige mi atención demandando ese tiempo precioso que estaba destinado a hablar con Dios. “Cálmate” es la palabra que me repito constantemente cuando me dispongo a orar, porque ese mundillo interior y hasta mi propio cuerpo empiezan a hablar a gritos “dejaste encendida la televisión”, “que incómodo este reclinatorio”, “tengo sueño”…todo eso me lleva a un verdadero combate en el que a veces pierdo de vista lo principal: que no estoy ahí haciendo cualquier cosa o cumpliendo con alguna tarea obligatoria y aburrida, sino que estoy delante de Alguien.

“Cálmate” me repito mientras reúno toda mi fe y me digo “Dios está aquí” y a veces pronuncio en voz alta “Creo, Señor, que tú estás aquí, que me ves, que me oyes, que me amas” y entonces todo empieza a cambiar porque voy entrando en la presencia de Dios y Dios es “Alguien”, está aquí y no puedo ignorar su presencia pues “me ama” ¿no debería conmoverme hasta las entrañas? Sentir su mirada y escuchar su voz diciéndome como a aquel leproso “si quiero, queda limpio” o como al buen ladrón “hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”; sí, el cansancio y el estado de ánimo influyen en la calidad de mi oración, y aunque me distraiga se que Él me escucha, pero el amor debería moverme a luchar contra cualquier perturbación y estar ahí para Él en ese momento que se prolongará a lo largo del día pues El está para mí en todo lugar, cuántas veces se ha presentado de pronto en mi vida y me ha dicho como a Simón Pedro “tengo algo que decirte”. Y pensar que aún me olvido de Él, pero debo recomenzar de nuevo, con más fe y con más amor, porque no quiero perderme lo que se que encontraré en Él, lo que Él mismo me ofrece…así cuando digo “Padrenuestro”, “Jesús mío” o “Ven Espíritu” se que digo algo con sentido, algo real, alguien real porque el Dios Uno y Trino está delante de mí y yo estoy delante de Él…así soy feliz.

Él me amó primero…oh Dios mío esta es la más grande verdad

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