El Padrenuestro

Reflexión sobre el Padrenuestro

Siguiendo el Catecismo de la Iglesia Católica

Los números están tomados de los resúmenes del Catecismo de la Iglesia Católica correspondientes al apartado de la oración (apartado IV sección segunda).

2797 La confianza sencilla y fiel, la seguridad humilde y alegre son las disposiciones propias del que reza el “Padre Nuestro”. Toda oración (el Padrenuestro es la oración por excelencia) hemos de hacerla con fe y con humildad, reconociendo la bondad de Dios que siempre nos escucha (Juan 1,41-42) porque oramos unidos a Jesús, y entre Jesús y Dios nuestro Padre la comunión de amor es total.

2798 Podemos invocar a Dios como “Padre” porque nos lo ha revelado el Hijo de Dios hecho hombre, en quien, por el Bautismo, somos incorporados y adoptados como hijos de Dios. Por el Bautismo hemos sido hechos hijos de Dios (Juan 1,12; 1 Pedro 1,17) pues en él participamos del misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo Nuestro Salvador (Romanos 6; Colosenses 2,12), eso significa que así como Jesús en su oración llamaba “Padre” a Dios así también nosotros le llamamos “Padre” (¡Qué dicha, Él es mi Padre, yo soy su Hijo…no estoy solo porque mi Padre cuida de mí!).

2799 La Oración del Señor nos pone en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Al mismo tiempo, nos revela a nosotros mismos. En la oración yo estoy unido al Padre y a Jesús (Juan 17,21)

2800 Orar al Padre debe hacer crecer en nosotros la voluntad de asemejarnos a Él, así como debe fortalecer un corazón humilde y confiado.

2801 Al decir Padre “Nuestro”, invocamos la nueva Alianza en Jesucristo, la comunión con la Santísima Trinidad y la caridad divina que se extiende por medio de la Iglesia a lo largo del mundo. Cuando hago oración me uno a Dios y a mis hermanos, por eso decimos “Padre Nuestro”.

2802 “Que estás en el cielo” no designa un lugar, sino la majestad de Dios y su presencia en el corazón de los justos. El cielo, la Casa del Padre, constituye la verdadera patria hacia donde tendemos y a la que ya pertenecemos.

2857 En el Padre Nuestro, las tres primeras peticiones tienen por objeto la Gloria del Padre: la santificación del nombre, la venida del reino y el cumplimiento de la voluntad divina. Las otras cuatro presentan al Padre nuestros deseos: estas peticiones conciernen a nuestra vida para alimentarla o para curarla del pecado y se refieren a nuestro combate por la victoria del Bien sobre el Mal.

2858 Al pedir: “Santificado sea tu Nombre” entramos en el plan de Dios, la santificación de su Nombre —revelado a Moisés, después en Jesús— por nosotros y en nosotros, lo mismo que en toda nación y en cada hombre. Dios quiere que seamos dignos de su nombre, que seamos santos como Él (Mateo 5,48)

2859 En la segunda petición, la Iglesia tiene principalmente a la vista el retorno de Cristo y la venida final del Reino de Dios. También ora por el crecimiento del Reino de Dios en el “hoy” de nuestras vidas. Decir “venga tu Reino” significa que le pedimos que nuestro mundo (tan lleno de maldad y egoísmo) se transforme y haya en él nuevos valores, justicia y paz (Romanos 14,17).

2860 En la tercera petición, rogamos al Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo para realizar su Plan de salvación en la vida del mundo. Pedimos al Padre que se haga su voluntad en todo el universo, pero también en mí, así yo renuncio a hacer lo que quiero para hacer lo que Él quiere, lo que Él me pide y que siempre será lo mejor porque su Voluntad procede de su infinito Amor (Marcos 14,36).

2861 En la cuarta petición, al decir “danos”, expresamos, en comunión con nuestros hermanos, nuestra confianza filial en nuestro Padre del cielo. “Nuestro pan” designa el alimento terrenal necesario para la subsistencia de todos y significa también el Pan de Vida: Palabra de Dios y Cuerpo de Cristo. Se recibe en el “hoy” de Dios, como el alimento indispensable, lo más esencial del Festín del Reino que anticipa la Eucaristía. Dios es nuestro Padre providente que cuida de nosotros y de nuestras necesidades (Lucas 12,22-32); pero Él mismo es nuestro alimento porque sacia nuestra más grande necesidad: la de ser amados y salvarnos (Lucas 4,1-4).

2862 La quinta petición implora para nuestras ofensas la misericordia de Dios, la cual no puede penetrar en nuestro corazón si no hemos sabido perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo. Suplicamos a Dios que perdone nuestros pecados ya que solo de Él procede el perdón (Salmo 129,4), pero solo gozaremos de su misericordia si sabemos perdonar de corazón a los que nos ofenden (Mateo 6,14-15)

2863 Al decir: “No nos dejes caer en la tentación”, pedimos a Dios que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia y la perseverancia final. Así lo recomendó Jesús a sus discípulos cuando estaba en Getsemaní antes de ser conducido a la muerte (Marcos 14,38).

2864 En la última petición, “y líbranos del mal”, el cristiano pide a Dios, con la Iglesia, que manifieste la victoria, ya conquistada por Cristo, sobre el “príncipe de este mundo”, sobre Satanás, el ángel que se opone personalmente a Dios y a su plan de salvación. (Juan 16,32-33).

2865 Con el “Amén” final expresamos nuestro “hágase” respecto a las siete peticiones: “Así sea”.

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