Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

El jueves después de Pentecostés se celebra la fiesta litúrgica de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, cuyo significado a veces pasa desapercibido para muchos de los fieles, así que nos detendremos brevemente en la contemplación de este misterio.

Será la Carta a los Hebreos la que mencione explícitamente a Jesucristo como Sumo Sacerdote que ofrece un único sacrificio para salvación de los hombres, una única ofrenda de perfección: Él mismo, su propia vida inmolada en la Cruz. Esto lo leemos en el texto de Hebreos 10,12-23 que aparece en la segunda lectura de dicha fiesta, Cristo no ofreció más que un sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha de Dios, únicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies, con está única ofrenda ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios”; Jesucristo no solo es el Sacerdote sino también la víctima del sacrificio, su sacerdocio es eterno (Heb 6,20)y lo ejerce en el servicio, en la cruz (Heb 9,15: Por eso es mediador de una Nueva Alianza; para que, interviniendo su muerte para remisión de las transgresiones de la primera Alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida), en la renuncia de sí mismo por la salvación de todos los hombres. De esta manera en Él se cumplen las profecías de Isaías acerca del siervo doliente de Yahvéh que carga con los pecados del mundo e intercede por los pecadores (Cfr. Is 53,1-12), la misma Carta a los Hebreos da testimonio de Jesús como el Sumo Sacerdote que nos convenía (Heb 7,26), el único mediador de la Nueva Alianza entre Dios y los hombres (Heb 12,24); Él es superior a los ángeles, es superior a Moisés y su sacerdocio es superior al sacerdocio de la Antigua Alianza (Heb 7,20-22), es el apóstol de nuestra fe (Heb 3,1) y es sobretodo el Hijo (Heb 2,1) y a los hombres no se “avergüenza de llamarles hermanos” (Heb 2,11).

Jesús ejerce su sacerdocio como verdadero Dios y verdadero hombre (y esa será la enseñanza de la Iglesia) ya que “tanto el santificador como los santificados  tienen el mismo origen”, solo que Él es aquel del que Dios dice “adórenle todos los ángeles”. Él es el siervo fiel, el Sumo y Eterno Sacerdote que sigue prolongando en su Iglesia la gracia de su Misericordia y de su Amor, conveniente es para cada uno acogerse a su poder que redime y que transforma.

Resultará de mucho provecho espiritual que al aproximarse la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote hagamos una lectura detenida y orante de la Carta a los Hebreos, para comprender mejor el Sacerdocio Redentor de Jesucristo, y que eso nos lleve a una participación más consciente en la Sagrada Liturgia que celebramos y que no es otra cosa sino la acción sacerdotal de Jesús a favor de los hombres que está presente en la Iglesia.

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