Homilía de Pentecostés

Hechos 2,1-11

Salmo 103

1 Corintios 12,3-7.12-13

Juan 20,19-23

El Espíritu Santo, el Paráclito prometido por Jesús, que procede del Padre y del Hijo y que es Dios, es entregado por el Señor a sus discípulos como un soplo, así lo dice el Evangelio de Juan. ¿Por qué entrega el espíritu en un soplo? Se trata de una referencia al Antiguo Testamento que en el principio de la creación en el Génesis nos narra que sobre las aguas de aquel caos aleteaba el Espíritu de Dios, y es llamado “ruaj” que quiere decir soplo o aliente, YHWH mismo insufla el Espíritu, la vida en Adán y así en las Escrituras aparecen varios ejemplos del “soplo” de Dios, del Espíritu Divino.

Jesús hablará del Él, en el Evangelio de Juan, varias veces, promete enviarlo y dice que es el Espíritu de la Verdad, el Consolador, el que les enseñará todas las cosas. Su venida se hace realidad en Pentecostés, donde estando los discípulos reunidos “desciende” sobre ellos como “viento”, soplo…como fuego, ambos son signos de su poder y de su acción entre los hombres. El Espíritu capacita a la Iglesia para que pueda dar testimonio de las maravillas de Dios, de la salvación, y dirigir el mensaje del Evangelio a todos los hombres  de cualquier lugar y de todos los tiempos; además el Espíritu capacita al creyente para que pueda confesar el Señorío de Jesús, y por lo tanto pueda vivir en comunión con la Iglesia, ya que el Espíritu es quien la anima y la mantiene unida, Él reparte los dones entre sus miembros, en Él hemos sido bautizados, de Él hemos bebido, para formar un solo cuerpo.

Partícipes, pues, del Espíritu Santo por el Bautismo y la Confirmación podemos decir Ven Espíritu Santo, invitarlo a nuestra vida personal y comunitaria, dejarlo tomar posesión de todo lo que somos y todo lo que tenemos, que se apodere de nosotros para que seamos uno con Cristo, y que Cristo nos conduzca al Padre y el Padre nos conceda el don de la incorruptibilidad, pues Padre, Hijo y Espíritu Santo son un solo Dios, uno solo en Tres Personas.

Así, con esta fe, con este conocimiento nosotros podemos decirle:

Ven, Dios Espíritu Santo, y envíanos desde el cielo tu luz, para iluminarnos. Ven ya, padre de los pobres, luz que penetra en las almas, dador de todos los dones. Fuente de todo consuelo, amable huésped del alma, paz en las horas de duelo. Eres pausa en el trabajo; brisa, en un clima de fuego; consuelo, en medio del llanto. Ven, luz santificadora, y entra hasta el fondo del alma de todos los que te adoran. Sin tu inspiración divina los hombres nada podemos y el pecado nos domina. Lava nuestras inmundicias, fecunda nuestros desiertos y cura nuestras heridas. Doblega nuestra soberbia, calienta nuestra frialdad, endereza nuestras sendas. Concede a aquellos que ponen en ti su fe y su confianza tus siete sagrados dones. Danos virtudes y méritos, danos una buena muerte y contigo el gozo eterno. Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s