Homilía de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Oseas 11, 1. 3-4. 8-9

Isaías 12

Efesios 3, 8-12. 14-19

Juan 19, 31-37

El profeta Oseas describe con apasionadas palabras los sentimientos maternales con que Dios ama a su pueblo, Dios ama a Israel como un Padre ama a su hijo y cuida de él, y si Dios tiene sentimientos entonces tiene también un corazón: “mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama toda mi compasión”. Dios es capaz de sentir ternura por los suyos, ternura que es más intensa de lo que nosotros podemos captar puesto que es ternura divina, “pues yo soy Dios y no hombre, santo en medio de ti y no enemigo a la puerta”.

Ahora bien ese corazón de Padre y esa ternura de madre se han manifestado en la incalculable riqueza de Cristo el Hijo de Dios, “en quien podemos acercarnos libre y confiadamente a Dios por medio de la fe”. Es más, Cristo mismo tiene un corazón para amarnos, un corazón tan divino como para ofrecerse para perdonar todos nuestros pecados y tan humano como para ser traspasado por la lanza del soldado; es más, de su corazón han brotado sangre y agua, símbolos de la gracia de Dios, de los sacramentos que administra la Iglesia para salvación y santificación de los hombres ¡sí, la Iglesia está unida al corazón de Jesús! puesto que “la multiforme sabiduría de Dios, es dada a conocer ahora por medio de la Iglesia”.

Ese corazón traspasado manifiesta la plenitud del amor de Dios que sobrepasa todo conocimiento humano, amor que está en nosotros porque Cristo habita en nuestros corazones y porque hemos sido fortalecidos interiormente por el Espíritu, amor que nos muestra “los tesoros de la bondad de Dios”, amor ardiente que nos transforma cada día y que saca lo mejor de cada uno para la construcción del Reino de paz y de justicia. Amor divino que engendra en nuestro corazón sentimientos como los de Cristo, pensamientos conforme al Espíritu, acciones de hijos amados del Padre, amor que crea espacios de convivencia fraterna, amor que construye relaciones de verdadera amistad, amor que rompe todas las barreras, amor que soporta todos los dolores, amor que vence al odio, amor más fuerte que la muerte, amor de los amores. Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. Amén.

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