Año de la Fe (II)

creer-en-diosLa fe posee una doble realidad, es una gracia sobrenatural a la vez que un acto plenamente humano. La fe es posible gracias a la acción de la gracia, a las mociones interiores que el Espíritu Santo produce en las personas para que puedan brindar su asentimiento a la verdad (Concilio Vaticano II, Dei Verbum 5), así aparece en las Escrituras cuando Jesús asegura a Pedro que ha recibido una revelación de parte de Dios (Mateo 16,17). Pero la fe es también plenamente humana, no contradice nuestra naturaleza ni nuestra capacidad racional aunque si aporta una luz mayor, la fe tampoco violenta nuestra libertad la cual permanece intacta pues voluntariamente la persona acepta aquella verdad revelada que se la manifiesta como digna de ser creída.

Esta credibilidad procede del núcleo teológico de la Revelación que no es otra cosa que el amor: “Nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene, Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Juan 4,16). Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XVI, Deus Caritas est, 1).

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