Homilía Domingo II de Adviento

martirio_de_san_juan_bautistaBaruc 5,1-9

Salmo 125

Filipenses 1,4-6.8-11

Lucas 3,1-6

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Palabra de Dios nos hace partir de una visión profética, está escrito en el libro de Baruc “Dios ha ordenado que se abajen todas las montañas…que se rellenen todos los valles”, porque ya llega el tiempo de la alegría, el tiempo de dejar el luto a un lado para vestirse de esplendor por la presencia de Dios que regocija a Jerusalén, transformándola en lugar de “justicia y piedad”. Tal profecía de la restauración de la gloria de Jerusalén se hará realidad hasta que llegue Juan el Bautista, sobre quien descendió la Palabra de Dios y se convirtió en la “voz que clama en el desierto”; Juan será el profeta que pide la conversión en la comarca del Jordán diciendo “preparen el camino del Señor…hagan rectos sus senderos”, y esta llamada, siendo una conexión entre las antiguas profecías y el Evangelio de Jesús, es sobretodo una invitación urgente a la conversión, porque Dios está cerca, Él viene a nosotros en Jesús y es necesario que los hombres estemos preparados.

¿Cómo prepararnos para recibir al Señor? Cuántas montañas se elevan ante nosotros, cuán altas son las potencias del mal y cuán profundas las tentaciones a las que estamos sujetos, pero el Dios que hace grandes cosas hará que todo eso sea vencido, porque nada hay que sea más fuerte que su amor, nada más seguro que su salvación; pero también hay grandes montañas en nuestro interior, las hemos levantado con nuestro orgullo y con nuestra autosuficiencia, por las veces que hemos creído que no necesitábamos de Dios y nos hemos guiado por nuestros criterios egoístas. También grandes abismos llevamos en el alma, por las veces que hemos caído muy bajo, haciendo aquellas cosas que luego nos avergüenzan y nos lastiman, por las veces que hemos fallado a quienes mas amamos, las veces que nos hemos traicionado a nosotros mismos haciendo aquello que nos conduce al mal, que destruye la paz en nuestros corazones. ¡Señor, allana nuestras montañas y endereza nuestros caminos!

¿Qué podemos hacer entonces? La Palabra de Dios ha venido también hoy a nosotros, a nuestras vidas, para cambiar el desierto espiritual en que vivimos en un oasis de vida nueva, de vida plena, para ello es necesario confiar en el poder del Señor, tener fe en Dios, pues solo Él podrá transformar nuestra existencia con su amor, que todo lo puede, todo lo cura, su amor que hace nuevas todas las cosas. Por eso debemos “crecer en el amor”, en el conocimiento de Dios, en la sensibilidad espiritual, hasta que Cristo venga; el Espíritu Santo que hemos recibido actúa en nosotros y nos sostendrá hasta el final, dejemos que su consuelo alcance lo más profundo de nuestro ser para que podamos comprender cuanto nos ama Cristo. El tiempo está cerca, es hoy, de mañana no sabemos nada, pero hoy ¿qué me impide sentirme amado por Dios?. Amén.

Comments

  1. Pbro. Luis Raúl Hernández López says:

    Excelente homilía pbro. Raymundo felicidades Hermano estas cerca de Reino de Dios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s