¡Qué no se enfríe tu fe!

ILoveJesusTanto en las predicaciones como en los artículos que escribo acostumbro hablar de la fuerza de la fe, pero hoy también debo recordar que la fe es algo frágil, algo que debe cuidarse con ahínco y delicadeza, y de lo que más debe cuidarse la fe es del frío, sí, del frío del corazón.

Ese frío que viene del egoísmo y la indiferencia es mortal para los creyentes, más peligroso que las dudas intelectuales o las caídas del pecado, en él ya no hay drama pero tampoco hay pasión, solo comodidad, la comodidad del “creo a mi manera” y del “así estoy bien”, es la fe tibia del pecador mediocre que se encuentra satisfecho consigo mismo, del que se cree autosuficiente y desprecia los auxilios divinos; tal condición genera una actitud de excesiva pasividad, la vida se presenta fácil y Dios termina siendo un recurso de emergencia. Una fe que no da calor y luz a la vida personal acaba en el baúl de los recuerdos, ahí donde guardamos las cosas que son bonitas y que conservamos con cariño pero que no nos sirven para nada.

En este año de la fe procura creer con mayor fuerza sin importar la dureza de la vida, no temas reconocer tu debilidad ante Dios y ante los hombres, porque la fe se fortalece precisamente cuando somos capaces de reconocer nuestra pequeñez, paradójicamente en en eso consiste nuestra verdadera grandeza.

“Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”

2 Corintios 12,10b

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