¡Resucitó, en verdad resucitó!

cristoresucitadopascha1La Resurrección de Jesús, único acontecimiento que posibilita la futura resurrección de los muertos que la Iglesia confiesa en el Credo, constituye, junto con su Pasión y su Muerte, un elemento fundamental de la fe cristiana, sin el cual queda deformada y privada totalmente de su fuerza.

La muerte es la última frontera del hombre, absoluta e infranqueable, con ella se estrellan sin remedio el pensamiento y el poder humanos. ¿Alguien ha vencido a la muerte? La fe cristiana confiesa que Jesús la ha experimentado y al mismo tiempo la ha superado, Jesús ha resucitado realmente. Tal es la afirmación de las Escrituras y de la Tradición de la Iglesia.

¿En qué se basa dicha fe en la Resurrección de Jesús? En el poder de Dios y en su designio amoroso de Salvación, confesamos a un Dios todopoderoso, que trasciende todo límite, Creador y Sustentador de todo lo que existe, “en quien vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17,28), “Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (2 Corintios 1,3), “el que ha resucitado a Jesús de entre los muertos” (Romanos 4,24); porque Dios omnipotente, con su poder soberano, ha intervenido definitivamente librando a Jesús de la muerte. Es igualmente fundamental su designio de salvación, dicho misterio estaba escondido en el Padre por los siglos (Efesios 3,9), se ha dado a conocer en Jesucristo y accedemos a él por la fe mediante la Iglesia (Efesios 3,10-12). Así, en la Resurrección de Jesús se han conjugado armoniosamente la omnipotencia  y la infinita sabiduría de Dios, y será el mismo Jesús quien la anuncie a los discípulos (Mateo 17,22-23).

En esta experiencia de Dios que resucita a Jesús, se funda la convicción de los apóstoles en el acontecimiento de la Resurrección del Señor, pues confiesan explícitamente “que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos” (1 Tesalonicenses 1,10; tomemos en cuenta que esta carta de san Pablo es, según el parecer de los especialistas en Biblia, el libro más antiguo del Nuevo Testamento). La experiencia pascual de los apóstoles afirma que Jesús resucitado ha penetrado el curso de la historia, pues ha sido “constituido Hijo de Dios con poder a partir de su resurrección de entre los muertos” (Romanos 1,4), ésta es la novedad que introduce la Resurrección de Jesús en la fe de los discípulos. Ellos reconocen en el Resucitado al mismo que murió en la Cruz, en perfecta consonancia con la fe de Israel en el “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres que ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron…ustedes renegaron del Santo y Justo…mataron al jefe que los lleva a la vida; pero Dios le resucitó de entre los muertos, nosotros somos testigos de ello” (Hechos 3,13-15).

Este primer anuncio o “kerygma” de la Resurrección de Jesús, surge en dos contextos del Nuevo Testamento:

  1. Las apariciones pascuales de Jesús a sus discípulos. Tradición probablemente originada en Galilea a donde habían huido los seguidores de Jesús después de su muerte, las apariciones son múltiples y se encuentran en textos como Juan 20,19-20 (a los discípulos reunidos), Juan 20,26-28 (a los discípulos y a Tomás), Juan 21,1-23 (de nuevo a los discípulos en Tiberíades, donde dialoga con Pedro), Mateo 28,16-20 (donde les entrega la misión universal).
  2. Los relatos del sepulcro vacío. Estos relatos apuntan a Jerusalén como lugar de origen y se encuentran en Mateo 28,1-8 (las mujeres van y no lo encuentran), Marcos 16,1-8 (otra vez las mujeres), Lucas 24,1-12 (las mujeres, después Pedro).

¿Qué significa entonces esta experiencia que los discípulos tuvieron y de la que dan testimonio tan elocuente los textos del Nuevo Testamento? Obviamente el significado y la trascendencia de la Resurrección de Jesús son inagotables, mencionaré de manera sintética los siguientes aspectos principales:

  1. La Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico. Jesús resucita “en la historia”, la experiencia pascual de los discípulos se da en el tiempo y el espacio, es un evento único; sin embargo posee una total trascendencia pues se trata de un acontecimiento revelador (manifiesta el misterio de Dios y lo comunica a los hombres), salvífico (pues ha resucitado y nosotros en él, así en Romanos 6,4-5, aunque nuestra resurrección no está consumada, es “vida nueva” pero aun no “incorruptibilidad” 1 Corintios 15,42).
  2. La Resurrección de Jesús es corporal. El significativo texto de 1 Corintios 15,45 proclama que Jesús resucitado posee un cuerpo que, sin ser ilusión, ya no muere ni se corrompe, es “espiritual” porque está abarcado totalmente por la realidad espiritual de quien “ha vencido a la muerte”.
  3. La Resurrección de Jesús es exaltación. La “ascensión” de Jesús a los cielos coincide con la última aparición a sus discípulos (Hechos 1,6-11), pues ahora está a la derecha del Padre (1 Pedro 3,22).
  4. Jesús resucitado está presente en el Espíritu Santo. Por la fuerza del Espíritu Santo Jesús está presente en su Iglesia, aboga por nosotros (Romanos 8,34), reina sobre la creación (Efesios 1,10), “es todo en todos” (Colosenses 3,11).
  5. La Resurrección de Jesús posibilita la nuestra. Así lo afirma san Pablo cuando dice “pues del mismo modo que por Adán todos mueren, así también todos volverán a la vida en Cristo” (1 Corintios 15,22).

Hay muchísimo más que decir acerca de la Resurrección de Jesús sobretodo en cuanto a sus efectos en la vida del creyente, por ahora recordemos que, junto con su Pasión y su Muerte, su Resurrección conforma el núcleo de las celebraciones del Triduo Pascual en el que la Liturgia culmina exclamando con júbilo ¡Aleluya! Feliz Pascua de Resurrección.

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