¡Qué no se apague el fuego!

vela-apagada

En esta Pascua hemos encendido nuestras velas del Cirio Pascual, recordando aquellas que se encendieron el día de nuestro Bautismo como signo de la Iluminación recibida; Luz divina, Luz de Cristo que da calor a la vida entera, que disipa las tinieblas mostrándonos el camino de la Caridad, el camino de la Salvación, inmenso don que nos ha legado Cristo Salvador con su Muerte y Resurrección.

Pero esa llamita vacilante que vive en nosotros tiende a apagarse, la fuerza de los vientos del mundo la agita violentamente y la sofoca, ¿que hacer para que permanezca viva? Hay otra clase de viento, suave brisa, viento que sopla donde quiere, ese soplo del Espíritu no apaga la llama sino que la enciende más, la alimenta y la engrandece para que dé más luz, hay que ponerse entonces uno mismo en dirección a ese viento. Que la llama de la fe no se apague, que la Luz de Cristo siga brillando en nuestros corazones, para que la vida de los hombres sea más dichosa y permanezcamos en el camino que conduce a la Vida Eterna.

“No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino; con fidelidad traerá justicia”

Isaías 42,3

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