Homilía de Pentecostés 2013

pentecostes 1Hechos 2,1-11

Salmo 103

1 Corintios 12,3-7.12-13

Juan 20,19-23

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy es Pentecostés, la gran fiesta del Espíritu Santo con la que culmina la Pascua, memorial de aquel día glorioso en que la Promesa del Padre, el Espíritu Santo, descendió con poder sobre la Iglesia reunida en oración que esperaba anhelante la “fuerza de lo alto” que los convertiría en testigos de Jesús. Fue un fuerte ruido, un  viento impetuoso, fueron lenguas de fuego, porque el Espíritu Santo viene como fuego que purifica el alma para hacerla dócil a sus inspiraciones, para que arda de pasión al proclamar las maravillas del Señor. Ahora transformados por su gracia, los discípulos se vuelven misioneros que salen a las calles a gritar al mundo con gozo y valentía la grandeza del amor de Dios que resucitó a Jesús y lo ha constituido Señor, y los oye el mundo, todos escuchan en sus propias lenguas, porque el lenguaje del Espíritu Santo es universal. Ha iniciado así la gran Misión de la Iglesia, cada discípulo de Cristo, cada bautizado debe sumergirse una y otra vez en el Espíritu Santo para evangelizar con unción a toda creatura y en todo momento, a todos los pueblos de la Tierra, para anunciar con fervor la Buena Nueva del Amor Divino que nos salva, que derriba las barreras de los hombres y los une en una sola familia.

Este Espíritu Santo, prometido por el Padre, es enviado por Jesús y entregado a la Iglesia “reciban el Espíritu Santo”,  es Espíritu que quita el miedo y trae la alegría, Espíritu de paz y de perdón, Espíritu de vida que nos capacita para amar, para amar a la manera de Jesucristo. El Espíritu Santo nos hace confesar a Jesús como “Señor”, todos hemos sido bautizados en Él, todos hemos bebido de Él, todos hemos sido fortalecidos con sus dones porque en cada uno el Espíritu “se manifiesta para el bien común”, pues en Él formamos un solo Cuerpo.

El Padre ha enviado al Hijo, el Hijo ha enviado al Espíritu Santo, el Espíritu Santo ha enviado a la Iglesia a santificar el mundo, en ella el Espíritu Santo esta siempre activo, creando nuevos caminos para llegar a Dios, para que los hombres experimenten la vida nueva en Cristo. Él sana lo que estaba enfermo, calienta lo que se había enfriado, Él lava nuestras inmundicias, doblega nuestra soberbia y endereza nuestras sendas; debemos invocarlo siempre, porque tenemos necesidad de su acción amorosa, porque somos pecadores  que pasamos por muchas tribulaciones, somos almas sedientas del agua de la vida que queremos salir del desierto en el que vivimos. Ven Espíritu Santo Creador, Santificador, Señor y Dador de Vida, te adoramos, te glorificamos, ven. Amén. Aleluya.

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