¡Necesitamos Oración!

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Después de Pentecostés y de la solemnidad de la Santísima Trinidad, a unas horas de celebrar la fiesta del Corpus Christi, luego de unas determinadas experiencias pastorales y familiares, he caído en la cuenta de la falta que me hace la oración, el diálogo con Dios. Y no es que no ore, lo hago bastante, en la liturgia, en los encuentros con las personas que vienen a mí en busca de atención sacerdotal; pero como todo asunto humano la oración también es susceptible de caer bajo los perniciosos lazos de la rutina, es fácil dejar la oración en pos de un activismo exacerbado o incluso para dedicar ese tiempo a uno mismo, al amor propio, lo cual no es malo pero tiene su propio lugar y tiempo.

El mayor obstáculo que las personas reconocen en su vida espiritual es que no saben hacer oración, quizá esto se haya acentuado más en las últimas décadas en que el ritmo de vida se ha acelerado, ya no sabemos estar en paz, en silencio, con nosotros mismos; también es cierto que nos hemos acostumbrado a las técnicas, las hay para todo, y quisiéramos una fácil para hacer oración. Sin embargo la vida de oración supera toda técnica, simplemente se inicia hablando con Dios con naturalidad con la conciencia de que se trata de un diálogo, de una relación de tú a tú; lo que sí es cierto que tenemos al mejor manager, el Espíritu Santo, que “viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos pedir como conviene” (Romanos 8,26). Entonces ¿qué hay que hacer para iniciar o mejorar nuestra vida de oración? Intentarlo, con un corazón sincero y humilde, con toda la fe de que seas capaz, lánzate y ve al encuentro de Aquél que te espera con un corazón amoroso para sumergirte en el océano de su misericordia, allí encontrarás la fuente inagotable de la vida, la salvación de tu alma, el perdón de tus pecados, la eternidad. Y tú ¿ya oraste hoy?.

“Les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18,19-20

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