Sobre la vida espiritual

jesús orando gibson

“Pero Él se retiraba a los lugares solitarios para orar”

(Lucas 5,16)

Este breve versículo es la expresión consumada de aquella íntima relación que Jesús vivía con el Padre, y que no se daba espontáneamente sino que humanamente había que buscarla y cultivarla, no se entiende el ministerio de Jesús ni sus enseñanzas sin esta dinámica espiritual de diálogo amoroso y cercano con Dios. Si esto fue así para Jesús, no puede haber entonces otro camino para quienes somos sus discípulos, la fe necesita de la oración, es más, debe hacerse oración (y celebración en la Liturgia).

Una fe sin oración está hueca, carece de la fuerza vital para transformar la vida de las personas; por eso la Iglesia, siempre a la escucha de la Palabra, nos invita de muchas maneras a emprender el camino de la oración siguiendo los pasos del Evangelio, bajo la guía del “maestro interior”: el Espíritu Santo. Y esto es posible, a pesar de los trabajos y el cansancio del día, a pesar de los problemas y amarguras, todo eso contribuye a orar más auténticamente.

Quien escribe se ha sentido movido en los últimos meses a llevar una mejor vida de oración, la cual siendo aún muy mediocre ha dejado frutos suficientes como para comprobar lo provechoso que resulta hacerlo; la oración es comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, al mismo tiempo que es apertura sincera a uno mismo y a los demás, por eso la oración a la vez que nos acerca a Dios nos humaniza. Por ello quiero compartir algunas ideas sobre la vida espiritual, ideas que han nacido en el contexto de la lucha con el pecado y la dirección espiritual del autor.

1. Aceptación humilde: eres lo que eres, y aunque podrías ser mejor al llegar a la oración no siempre te encuentras en buena forma, quizá estás abrumado por tus pecados o molesto porque te ha ido mal en la vida, no temas, aún así eres bienvenido a la presencia del Señor en la oración.

2. Fe firme: date cuenta de ante Quien estás, piensa que te ve, te oye y te ama, nada de lo tuyo es ajeno a Él y está dispuesto a compartir contigo de corazón a corazón, ora con todo tu ser (cuerpo, mente y espíritu).

3. Vigilancia constante: cuida tus sentidos, mortifica los externos (ojos, oídos, lengua, etc.) para que no te distraigan, purifica los internos (memoria, imaginación, etc.) para que no te quiten la concentración, el demonio juega sobretodo con estos últimos así que atento, pide la gracia de no caer en tentación.

4. Agradecimiento gozoso: da gracias con alegría por el rato que has dedicado a estar con Dios, bendícelo por los dones e inspiraciones que te ha regalado, prolonga lo que has recibido durante el resto del día para que nunca dejes de orar.

Espero que esto les pueda servir para su oración de hoy y siempre, no dejen de buscar en las arcas de la Iglesia el enorme tesoro de la oración para crecer en el amor a Dios y a los hombres.

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