Creer en tiempos de Crisis

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“Jesús le dijo: ¿qué es eso de ‘si puedes’? todo es posible para el que tiene fe. El padre del niño gritó al instante: ‘creo, Señor, pero aumenta mi fe’” Marcos 9,23-24

El contexto en el que se encuentra esta cita es muy conocido, un padre angustiado por la situación de su hijo poseído por un demonio (¿enfermedad o acción sobrenatural?) acude a los discípulos de Jesús en busca de curación, los discípulos no pueden hacer nada, Jesús se desespera, el padre insiste pero duda, su fe se tambalea, vacila a la hora de creer…Jesús reprende y el padre del niño formula, quizá sin saberlo, una de las más sorprendentes oraciones “creo, Señor, pero aumenta mi fe”.

En esta escena evangélica todos nos podemos ver reflejados, creer nos sale muy bien cuando todo marcha viento en popa, cuando gozamos de paz, salud y prosperidad; pero cuando llega el momento de la crisis, cuando las pruebas de la vida sacuden los cimientos de nuestra existencia, cuando viene el dolor y deshace nuestra felicidad, entonces creer ya no es tan fácil. Comienzan las dudas ¿por qué? ¿dónde está Dios? ¿hasta cuándo? Incluso llegamos a posicionarnos en una franca rebeldía ante Dios, y quienes no comparten nuestra fe bien pueden decir: ¿dónde está tu Dios?

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De hecho, una de las razones por las que mucha gente no quiere creer es porque no ven la acción de Dios como ellos quisieran, no ven que la fe funcione para nada, las cosas no cambian, sigue todo igual…al ver el mundo podemos comprender esta lógica, tanta hambre y tanta guerra que uno se pregunta ¿de qué nos ha salvado Jesús? En esta crisis podemos descubrir dos cosas: el poco control que tenemos sobre nuestras reacciones emocionales y la debilidad de nuestra propia fe.

¿Qué podemos responder a esto? ¿es posible creer en tiempos de Crisis? La Escritura proclama dichoso al que ha creído (Lucas 1,45; no hay mejor ejemplo que María), esta dicha proviene de reconocer con humildad la grandeza de Dios y nuestra pequeñez, consiste en ponernos a disposición de la voluntad divina, dejar todo en sus manos, abandonarse; esto no es fácil, implica renunciar a la falsa seguridad, a la autosuficiencia y el autocontrol, significa rendirse ante Alguien más fuerte y dejar que Él nos guíe, tal y como hizo Abrahán pues “por la fe obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11,8). El aspecto positivo de la fe es que parte de una llamada, una voz que te interpela, efectivamente, Dios nos habla a través de su Palabra, a través de la Biblia y de los acontecimientos de la vida, por lo tanto si Dios nos llama y nosotros podemos responder con libertad quiere decir que es posible una relación con Él; y como en toda relación no se posee realmente al otro, sigue en el misterio, pero se escucha su voz y se cree en lo que dice, Dios es fiel y cumple su palabra, y al ir conociéndolo va creciendo la confianza, “sé bien en quién he puesto mi confianza” (2 Timoteo 1,12).

¿Qué hace la fe realmente? La fe obra una profunda transformación interior, por la fe nos apropiamos de aquella salvación que Cristo ha logrado para nosotros por su Muerte y Resurrección, y participamos así de la Vida Nueva que nos ofrece, la fe quizá no cambia completamente las circunstancias pero te cambia a ti, éste es el más radical de los cambios, un ser nuevo que piensa diferente y que actúa diferente puede cambiarlo todo a su alrededor, se convierte en sal de la tierra y luz del mundo (Mateo 5,13-16), basta tan solo mirar la vida de los grandes hombres y mujeres de fe y darse cuenta como irradiaron una fuerza transformadora a su alrededor. La fe se hace acción, no es una actitud meramente pasiva de decir “me cruzo de brazos y que Dios cambie todo”, sino más bien plantarse ante Dios cara a cara y decirle aún en medio del dolor “¿qué quieres que haga yo?”.

Por eso cuando venga la crisis, sea personal o social, hay algunos puntos que pueden ayudarnos a dar una respuesta de fe:

  1. Calma. Ceder ante la agitación de los sentimientos y emociones nos puede llevar a tomar decisiones precipitadas o a enfermarnos, así no ayudamos a nadie; es mejor entrar dentro de nosotros mismos y dejar que fluya el dolor hacia Dios, que Él lo transforme en una energía renovadora.
  2. Oración. Sí, porque la fe es un don, si sientes que te falta pídela con insistencia, porque sin la fe puedes caer en el pesimismo y dejar de hacer lo que tienes que hacer para enfrentar la crisis.
  3. Lógica. Una vez que consigas un poco de serenidad piensa, date cuenta que no todo está perdido, que sigue habiendo muchas cosas buenas en la vida.
  4. Escucha. Descubre la presencia de Dios en las cosas pequeñas, no pierdas tu tiempo esperando cosas extraordinarias, escucha y confía, que Dios llegará como suave brisa a reconfortarte (1 Reyes 19,8-13).

Te recomiendo que siempre que puedas sigas estos consejos, te ayudarán a superar los tragos amargos y las horas oscuras, a fortalecer tu fe, porque estos tiempos de crisis son tiempos de fe.

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