Homilía XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

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Sabiduría 11,23-26;12,1-2
Salmo 144
2 Tesalonicenses 1,11-12;2,1-2
Lucas 19,1-10
Queridos hermanos y hermanas:

El libro de la Sabiduría nos presenta a Dios como el todopoderoso pero compasivo, que todo lo sustenta pero que perdona a los hombres, el amigo de la vida que corrige con paciencia a los pecadores.

Esta dimensión de Dios, en la cual se combinan su poder y su misericordia, llega a su máxima expresión en Jesucristo, pues siendo Dios encarnado muestra una radical cercanía con quien peca entrando en su historia personal para salvarle; así lo vemos en su encuetro con zaqueo, donde el pecador y el Salvador entran en una especial relación humana.
Zaqueo es un pecador, sí, pero es un pecador que busca, que quiere ver a Jesús con la esperanza de que quizá Él pueda librarlo del peso de sus cadenas, está a la expectativa y supera los obstáculos para llegar hasta Él. Y Jesús lo mira, dialoga con él y se invita a su casa, Zaqueo ofrece lo que hay, sus amistades no son las mejores pero son su mundo y lo pone a disposición de Jesús, los envidiosos critican pero Zaqueo puesto de pie en toda su altura espiritual manifiesta la autenticidad de su conversión con un compromiso concreto, de renunciar a sus riquezas y de reparar los daños con creces. El Señor confirma esta conversión diciendo “hoy ha llegado la salvación a esta casa”.
Experiencia maravillosa de como el amor de Dios transforma a las personas y  abre para ellas formas nuevas de existencia, más libres, más humanas. Una vida liberada se vuelve útil para los demás, se hace testimonio de que confiando en Dios un mundo mejor es posible; en esta Eucaristía podemos hacer lo mismo, vayamos al encuentro con Jesús, superemos nuestras bajezas encaramándonos en los medios de vida que el Espíritu nos ofrece y dejemos que Jesús nos mire y se invite Él solo a nuestra vida.
Por último San Pablo nos exhorta a perseverar en esta conversión, sin alarmarnos por supuestas revelaciones del fin de los tiempos que nunca faltan, concentrándonos en confiar en la gracia para llevar a cabo la tarea de la fe, y que la gloria sea para Dios nuestro Padre y para Jesucristo nuestro Señor.Amén.

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