Dichosa Espera

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“Regresa, amado mío, antes que sople la brisa del día y huyan las sombras, regresa como gacela o cervatillo sobre las montañas abiertas” Cantar de los Cantares 2,17

“Y les dijo: ¡Cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir!, porque les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga cumplimiento en el Reino de Dios” Lucas 22,15-16

Termina el Adviento y estamos a unas horas de celebrar Navidad, hemos hecho un recorrido de fe en la Liturgia animados por la Palabra que nos invita a esperar al Salvador, Isaías profetizó su venida, su nacimiento de una Virgen, Él, el Dios con nosotros, nació en Belén de Judá hace aproximadamente 2013 años; María su Madre, lo esperó con un corazón ardiente desde que recibió el anuncio del ángel, con gran anhelo pensaba en él y se alegró al tenerlo en su seno; Juan el Bautista le preparó el camino invitando a la conversión, llevando una vida austera en el desierto fue su heraldo, su precursor.

Nosotros, sedientos del amor de Dios, hambrientos de una vida más perfecta, los que queremos que la Paz y la Justicia reinen por fin en nuestra amada tierra, te queremos de vuelta, Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, sin ti no podemos vivir y el deseo nos consume, ven ya, Amigo de los Pobres, a liberarnos de las esclavitudes voluntarias e involuntarias a las que nos hayamos sometidos, ven, Salvador, ven pronto. Tú dijiste que volverías y no cesa tu Iglesia de esperarte, pero no te esperamos con tristeza, no, porque eres nuestro por la fe, porque sigues viniendo a nosotros en el Memorial de tu Pasión, porque nos has dado tu Espíritu que nos mueve a seguir tus pasos, a palpitar al ritmo de tu corazón, no mires nuestras miserias, perdona  nuestros pecados, sopla de nuevo sobre nosotros para que el Consolador purifique y restablezca tu obra entre nosotros.

¡Dichosa espera, la de los que creemos en ti! Qué gozo es vivir contigo todos los días, y qué dolor suspirar por ti todas las noches, qué lucha la nuestra por separarnos de todo lo que nos impide ir hacia ti, alcánzanos del Padre de la Gloria la gracia que nos hace falta para caminar sin desfallecer hacia nuestra meta, para amar apasionadamente este mundo y servirlo pero sin que nos prive del deleite de tu presencia, para descubrirte de nuevo en los hombres, en los que sufren, en los pobres, para que en cada Eucaristía volvamos a sentir el gozo de tu presencia amorosa. Sin tu amor no somos nada, vuelve y llévanos contigo, allá en tu Reino seremos felices para siempre, en la contemplación de tu rostro glorioso, ven Señor Jesús, ven.

“En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo” Juan 16,33b

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