Zaqueo o el arrepentimiento en 3 pasos

zacchaeus[1]Lucas 19,1-10

La historia de Zaqueo es una de las más impresionantes del Evangelio, guarda un profundo significado acerca del hombre pecador y de Jesús, es una historia de arrepentimiento, de conversión, un encuentro plenamente humano entre Dios y el hombre; en este caso el hombre herido por el pecado, sometido a la esclavitud, que exteriormente puede tenerlo todo pero en cuyo interior sigue encontrando vacío, como tratando de sacar agua de un pozo seco.

Este arrepentimiento de Zaqueo se da en tres pasos, muy sencillos, que lo llevaron a un cambio radical de vida y con ello a la felicidad.

Partamos de ver quien es Zaqueo, el texto bíblico nos dice que era rico y jefe de publicanos, un hombre adinerado, miembro de aquel grupo de judíos que olvidando su religión se ponían al servicio del poder romano para cobrar los impuestos y en ese grupo ocupaba una alta responsabilidad, era el jefe. Ahora bien ¿cómo se había hecho rico? pues sin duda que a la manera de los banqueros, embargando a los que no tenían para pagar, beneficiándose de la comisión que le concedían los romanos y probablemente también robando, lo da entender el texto cuando él mismo habla de restituir al cuádruple. Un hombre que además de la impureza ritual que suponía trabajar para los paganos era corrupto, ese dinero suyo estaba manchado por la inmisericordia y la injusticia.

Era pues un pecador, y como tal su círculo social seguro que no era de gente de bien, además de otros publicanos como él quizá se reunía con personas de la peor calaña y con romanos, los cuales eran mal vistos por el pueblo judío por ser paganos y por ser los opresores de Israel. Además probablemente su vida no era ejemplar, cuántos excesos sueleN concederse los hombres ricos, borracheras, comilonas, sobornos, prostitutas. Y ahí en Jericó, un oasis en medio del desierto, seguramente era bien conocido, quizá hasta corrían chismes sobre su persona y su vida, gozaba de la envidia y del desprecio de muchos.

Pero hay algo más, la Escritura menciona que Zaqueo era de baja estatura, de porte poco agraciado, posiblemente estaba lejos de ser un hombre apuesto ¿sufría por su físico? ¿se burlaban de él? ¿se sentía menos al compararse con otros? Tal vez, todos nos vemos atormentados cuando nos comparamos con otros a los que percibimos en ciertos aspectos como mejores, siempre hay en nuestro interior una insignificancia que nos avergüenza y nos duele, aunque no decimos nada nos incomoda. Así que Zaqueo siendo rico no lo tenía todo, le hacía falta una cualidad que ni todo el oro del mundo podía conseguirle y por la cual era ridiculizado.

Hablemos ahora de Jesús, ese personaje misterioso de aquella aldea perdida del medio oriente, Jesús de Nazaret, el hijo del carpintero, que de pronto se ha hecho famoso por su forma de hablar y por los milagros que ha realizado, ya se ha formado un grupo de discípulos entorno a su persona, su fama se va extendiendo de comarca en comarca. Y llega la noticia, Jesús viene a Jericó ¿será un loco o el mesías esperado? La expectativa crece y el rumor se cuela a todos los grupos, y llega a oídos de Zaqueo.

¿Qué idea tendría Zaqueo acerca de Jesús? No sabemos si se sentiría fascinado por las cosas que se decían sobre ese galileo, o si era simple curiosidad por ver algo nuevo lo que lo empujó a ir en su busca, o si ya se movía en su interior una esperanza, un anhelo de vida nueva…Dios todopoderoso sabe valerse de cualquier motivo para alcanzar el corazón del hombre.

Primer paso: Zaqueo quería ver a Jesús

Llegado el día se armó un alboroto, la gente se agolpaba para ver a Jesús, sí, aquellas gentes pobres y fanáticos religiosos, pero altos, en cambio él nada podía ver a causa de su estatura…bien podría haberse largado de ahí maldiciendo a aquellas gentes, él no necesitaba ver a un pobre diablo hijo de un carpintero que probablemente fuera un farsante. Pero no se fue, ¿curiosidad o indicio de fe? El caso es que Zaqueo perdiendo toda su vergüenza se encaramó en un árbol y sin importarle ya nada consiguió lo que buscaba y más. Ahí estaba Él, Jesús, con su porte sencillo, con sus humildes vestidos, los pies llenos de tierra como todos en aquel tiempo, pero con una presencia singular ¡es Él! Es Jesús, a su alrededor hay agitación, muchos curiosos, otros francamente molestos insultándolo, otros vacilantes, otros suplicándole un favor, un milagro, una gota de esperanza…pero Jesús sabe, sabe que hay un corazón palpitante que está esperando mucho más, ahí entre la gente hay un hombre esperando misericordia.

Todo sucedió rápidamente, Jesús descubre a Zaqueo, ese hombrecito, trepado en el árbol con sus ojoa pendientes de su persona y entonces sucedió lo inimaginable, Jesús se aproximó a Zaqueo y lo miró…cuánta conmoción, el rostro de Zaqueo se habrá trastornado al sentir la mirada fija de Jesús clavada en sus propios ojos, una mirada que significa ya elección, elección y amor, una mirada que lo dice todo. Quisiéramos saber lo que pasó por la mente del jefe de publicanos en aquel momento, que estaría pasando en su corazón en ese instante, debe haber sido hermoso haberse dejado mirar por Jesús.

Segundo paso: la autoinvitación de Jesús

Pues el asunto no quedó ahí, sino que además Jesús le habló, la multitud se ha de haber quedado muda y espantada, un judío, un judío que se dice profeta le está hablando directamente al más pecador de la ciudad y se ha invitado a su casa. La gente estupefacta y Zaqueo pasmado, Jesús le está diciendo que tiene que hospedarlo en su casa, Jesús, Hijo de Dios, ha venido a encontrarse con el pecador. Esta autoinvitación de Jesús es inmediatamente aceptada, tiene que ser hoy puesto que los seres humanos no tenemos otro tiempo, Zaqueo obedece sin rechistar y muy contento pone todo en movimiento para organizarle un banquete a Jesús; no necesitó largas catequesis ni los ruegos de la familia y los amigos para dejar entrar a Jesús a su vida, fue una respuesta espontánea, quizá ni él mismo sabía lo que estaba pasando. Pues Zaqueo le abre su mundo a Jesús, invita a sus amigos, pecadores como él y le va a festejar como él festeja, habrá abundancia de comida y de vino, pero también de gracia, pues seguramente muchos de los presentes al estar frente a Jesús deben haber sentido la llamada de la salvación…Zaqueo sin querer se volvió un evangelizador.

Tercer paso: la conversión

Las murmuraciones no se hacen esperar, ese defecto tan triste de las personas, es un escándalo que esté en casa de un pecador y comiendo a su mesa, el murmullo llega hasta aquella casa, pero lo que no saben es lo que está sucediendo en el alma de Zaqueo, no saben que la alegría de aquel encuentro está transformando un corazón, la alegría lo llevará a decidirse a rectificar su vida. Zaqueo ya sabe lo que tiene que hacer, se pone de pie y exclama su arrepentimiento, su deseo de restituir el daño hecho y de entregar la mitad de sus bienes a los pobres, Jesús ha dado en el punto justo, en el bolsillo de Zaqueo; sus riquezas eran sus cadenas, ha renunciado a ellas para ser libre. No puedo evitar preguntarme cuáles son las mías, ¿qué tengo que dejar yo para ser libre? Zaqueo se ha arrepentido de todo lo anterior y ha puesto su vida en manos de Jesús, hoy se desprecia mucho el arrepentimiento, se dice que arrepentirse es no asumir lo que se ha hecho, que es vivir con una pesada carga en las espaldas, que es hipocresía pues bien que se ha disfrutado el pecado. Falso, nadie puede arrepentirse si no asume la verdad de lo que ha hecho, cosa que solo puede verse en su justa medida a la luz de Dios, ¿acaso es contrario al hombre el desear no haber hecho lo malo? El pecado es una cadena que nos ata impidiéndonos vivir plenamente, Jesús liberó a Zaqueo y puede liberarme a mí, Jesús proclamó que la salvación había llegado a aquella casa y que Dios había recuperado un hijo perdido. ¿Cuándo llegará la salvación a mi casa? Yo también espero ver a Jesús, sé que está pasando por aquí, no me lo quiero perder.

Estamos hechos para la alegría, una alegría que solo el Señor nos podrá conceder, la presencia de Jesús es un regalo que nos permite superar las deficiencias de nuestra vida para dejar atrás la tristeza y entrar en el gozo de la salvación. Dejémonos amar por Dios, dejemos que Jesús pose en nosotros su mirada y que transforme nuestra existencia, Él cargará las cadenas de nuestra culpa con su Cruz y en cada martillazo de cada clavo hará pedazos el peso que nos oprime. Este tiempo es tiempo de conversión, de encuentro con Jesús, de ponernos en camino y manos a la obra porque este instante presente es valioso y es la única oportunidad segura que tenemos de ver a Jesús. Él ya está aquí, no sé tú…pero yo no quiero perderme esta oportunidad.

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