Jesús Descartado

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En muchos lugares y de muchas maneras hemos tenido la experiencia de haber escuchado hablar de Jesús, de su mensaje, aun hoy el nombre de Jesús sigue resonando a pesar de que la fe ha ido perdiendo importancia en el contexto público de las comunicaciones sociales y en la configuración moderna de la sociedad. Es por ello que nos hemos acostumbrado a que el mensaje evangélico, la doctrina cristiana, sea contestado en todos los frentes de una manera más o menos hostil; durante las últimas décadas hemos asistido a la caída de muchos prejuicios pero la discriminación de lo cristiano no solo se mantiene viva sino que parece aumentar. También podemos señalar el desinterés de muchos cristianos “nominales” y aun de aquellos que mantienen una práctica religiosa constante hacia la profundización y difusión de las propias creencias, hemos llegado incluso a presenciar el curioso fenómeno de los “cristianos de clóset” que se consideran a sí mismos personas de fe pero que no lo manifiestan por temor a la crítica y al escarnio social.

Todo esto puede alarmarnos, pero ¿acaso no ha sido siempre así? El mensaje de Jesús no fue especialmente bienvenido por las gentes de su tiempo, sus contemporáneos fueron mas bien opuestos a su doctrina y a su persona. Ya San Juan elabora esta verdad teológicamente cuando habla de Cristo, Palabra de Dios encarnada, como la luz que ha venido a iluminar a los hombres pero que precisamente es rechazada por los miembros de su pueblo (Juan 1,11). Los Evangelios nos narran casos emblemáticos de rechazo hacia Jesús, como el conocido pasaje del hombre rico que fue incapaz de seguirlo por el amor que le tenía a sus  riquezas (Marcos 10,17-23), los numerosos episodios en que los líderes judíos le presentan una dura oposición (Mateo 9,34; Lucas 5,21 y muchos textos mas), así como el diálogo que nos presenta San Juan entre Poncio Pilato y Jesús en el que el primero prefiere la política a la verdad aunque por ello haya de morir un hombre (Juan 18,29-40).

El caso más claro y reconocido de rechazo hacia el Señor es el de Lucas 4,16-30: un sábado en que Jesús entró en la sinagoga de Nazaret, donde se había criado, y después de leer un texto del profeta Isaías proclamó aquel célebre “hoy se ha cumplido esta profecía” y aunque todos lo admiraban por su forma de hablar lo juzgaban por la humildad de sus orígenes (por ser el hijo de José), Jesús los reprendió y entonces ellos se llenaron de ira e intentaron matarlo ¡sus propios paisanos! Jesús ha venido a traer salvación pero son precisamente los más cercanos a Él los que se rehúsan a aceptarlo, se ponen a sí mismos, a sus ideas y proyectos, por encima de la enseñanza verdadera y amorosa del Maestro, no le reconocen porque lo ven envuelto en una condición humilde y sencilla, este rechazo irá creciendo paulatinamente hasta su desenlace en la Cruz, ahí fue puesto entre los últimos, entre los malhechores, condenado por judíos y paganos y abandonado y traicionado por sus amigos (llaman mucho la atención las actitudes de Pedro y Judas Iscariote, la debilidad de uno y la deslealtad del otro), muerto por los pecadores.

images (10)En la próxima Pascua proclamaremos su Resurrección, haremos memoria de sus hechos portentosos, de los misterios que nos dieron salvación, y nos conmoveremos ante la narración de su Pasión, asombrados del rechazo de casi todos aquellos que le rodeaban. Antes de que se lleguen los días santos detengámonos a considerar si no seremos nosotros ahora quienes le rechazamos, si estás leyendo esto dudo mucho que le rechaces abiertamente, pero sin duda que nuestra falta de entusiasmo al proclamar nuestra fe y la falta de testimonio de quienes nos aferramos al pecado constituyen no solo un rechazo real sino que contribuyen a que otros lo rechacen. Piénsalo, a veces estamos muy seguros de aceptar a Jesús y de amarlo, pero ¿no será que los seguimos “descartando” al no saber o no querer reconocer su presencia en el hermano que se acerca, en el enfermo, en el pobre, en el que sufre e incluso en el que nos cae mal?

Papa Francisco orando con Maria

Ha sido el Papa Francisco quien desde el inicio de su pontificado insiste en la práctica de una auténtica misericordia al estilo de Jesús, en su mensaje de Cuaresma ha expresado su deseo de que las comunidades católicas sean verdaderas islas de misericordia donde se vivan los valores que nacen del Evangelio. Pero ¿quién puede realmente llevar a cabo esto? Al pie de la Cruz, en el momento más crítico de su vida, Jesús gozó del consuelo de su Madre, del discípulo amado y de María Magdalena, representantes de todos aquellos que sí han recibido a Jesús y han creído en Él, los que poseen una fe viva y perseverante porque han conocido el amor de Dios. Tú ¿de qué lado estás?

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