Vida 8

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Los cambios, cuando vienen del Señor, son buenos, pues preparan el alma para mejores cosas y purifican nuestra vida de aquellos apegos que obstaculizan nuestro seguimiento de Jesús.


El Señor en su infinita sabiduría nos concede no siempre lo que queremos, sino lo que necesitamos, lo cual es con mucho lo mejor, es por ello que no hay mayor paz que cuando nuestra voluntad se entrega plenamente a la Suya. Eso no significa que sea fácil, para nada, resulta bastante duro tanto en el sentido práctico como en el afectivo, quizá es por eso que me he tomado un poco más de tiempo desde mi última entrada, no podía escribir…estaba bloqueado. Una vez más me encuentro en una parroquia rural, el párroco, recién llegado igual que yo, es un hombre joven y trabajador, se ve que no seré yo el que lleve el peso de la parroquia como ya me había sucedido, está además el ritmo lento propio del ambiente rural, nada de acelerones como en la ciudad. Todo ello me ha desajustado bastante, no es fácil renunciar al estilo de vida que uno se forja en las grandes urbes y acostumbrarse a la nueva velocidad con que se suceden las cosas; sin embargo, lo más significativo del cambio es el estar cerca de la familia y de los viejos amigos, sí, me enviaron a mi propia tierra, a mis orígenes, tengo miedo de no ser “profeta”. Me pone feliz la cercanía con la familia, verlos continuamente e interesarme en sus cosas, igualmente me da gusto volver a ver a muchas personas sin cuya generosidad yo no sería sacerdote, siento que puedo mostrarles una gratitud que hasta ahora no había tenido oportunidad.

El reto es volver a las fuentes, desprenderse de las cosas superfluas que se han ido adhiriendo durante el accidentado trayecto vivido hasta ahora, dejar proyectos y sueños, ilusiones y ambiciones, descargarse afectivamente pues se pone distancia con los queridos amigos de la ciudad, duele ya no verles tan a menudo. A confiar entonces, que todo es para bien, pues Aquel que me llamó es el que con su amoroso poder “hace nuevas todas las cosas”.

Comments

  1. Claudia Concepcion Garcia Rodriguez Claveria. says:

    El cerrar cicloa cuesta pero hay que ser dosiles a la accion del Espiritu Santo para continuar con la mision que Jesus nos encomienda. La obediencia a El , la devovn hacia El es esa chispa de amor que enciende nuestros corazones a comptometernos con El Señor y Usted es un ejemplo de ello. En los momentos de prueba, de tristeza o de tentacion hay que alabar a Jesus con ese canto hetmoso “Que detalle Señor has tenido conmigo….

  2. ANIMO!!

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