Sobre la violencia

Un nueva oleada de asesinatos y hechos violentos ha golpeado recientemente nuestro estado sumándose a lo que sucede en otras partes del país y en el mundo entero, donde los actos terroristas ocupan los titulares de los medios todos los días. La violencia en todas sus formas, la guerra, nos obliga a pensar seriamente sobre nuestra manera de actuar, la historia nos recuerda así ha sido siempre, triste panorama que nos hace perder la fe en la humanidad.

5436dcc50fd39Nos preguntamos por el origen de este fenómeno tan complejo sin atinar a descubrir sus causas, las más de las veces llegamos a pensar que su sustento está en la diversidad cultural, étnica y religiosa, de manera que eliminando las diferencias se podría llegar a la construcción de una sociedad humana libre de violencia, tal como lo decía John Lennon en su célebre Imagine; sin embargo este argumento simplista se estrella con la realidad, pues la eliminación de la diversidad nos llevaría al establecimiento de un pensamiento único intolerante cuyo instrumento de acción, el Estado, se convertiría en un ídolo inobjetable convirtiendo a las personas en votantes/consumidores a merced de los poderosos.

El pluralismo y la multiculturalidad, propuestas contrarias, pecan de ingenuidad, pues pretender que todas las expresiones culturales o ideológicas son iguales, en la práctica resulta en lo mismo que la postura anterior, se verían reducidas a meras expresiones privadas que no llegarían más allá del folklor, lo cual nos devuelve a la tiranía del pensamiento único o nos lleva a la disolución del orden social, dada la lucha de valores que suscitaría la convivencia de culturas diversas.

Otros parten de la idea del progreso histórico, en el cual los elementos primitivos como la religión dejarían de existir por superfluos ya que los valores se construirían solo a través del consenso. Este argumento tiene dos problemas, el primero es que el mero progreso técnico no es suficiente, de hecho puede estimular igualmente la violencia, hace falta progreso moral como decía el filósofo Immanuel Kant “nos falta todavía mucho para tenernos moralizados”, con ello quería decir que al progreso técnico/científico le faltaba el acompañamiento de un progreso en el aspecto moral;

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Y es que el problema es más profundo, pues ya no hay acuerdo en qué cosa sea la moral, a todos nos gusta la paz, sí, pero sin una visión moral del hombre que le dé sentido a la existencia colectiva nunca la alcanzaremos, y el relativismo se ha empeñado en destruir esa visión moral, ya que toda moral solo sería un producto de la cultura y como hay tantas formas culturales pues entonces ninguna es verdadera…¿o sí?

Kant sostenía que la coexistencia de la humanidad, individuos y naciones, siempre estaba amenazada por la condición de insociable sociabilidad, que él entendía como la necesidad de socializar para maximizar nuestras capacidades, mezclada irremediablemente con el afán de imponernos unos a otros. De esta forma se vuelve casi imposible establecer unas reglas de convivencia que aseguren la paz y destierren la violencia, ésta siempre será una posibilidad terrible perturbando el horizonte de la vida de los hombres.

Hoy por hoy, se descarta una posibilidad por juzgarse obsoleta y opresiva, o tal vez solo por mal comprendida: la de una instancia superior al hombre que garantice la convivencia a través de una ley moral natural. Esa instancia superior (Dios) sería admisible y reconocible para cada conciencia por la simple reflexión de lo que es la vida misma y su bondad y dignidad inherentes, que deberían ser consideradas inviolables. El principal obstáculo para aceptar esta posición es que la conciencia del hombre se encuentra tan ofuscada que ya no ve con claridad los límites entre lo bueno y lo malo, requiere una luz superior que le ilumine sacándole de tal oscuridad.

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Esa la luz es la Revelación, la cristiana por supuesto, pues la instancia superior (Dios) que ésta concibe no es puro voluntarismo (un Dios violento que se impone al hombre), sino Logos (Palabra, razón, sentido, cfr. Juan 1,1), de manera que no dicta arbitrariamente lo que es bueno y lo que es malo sino que lo “sabe” y actúa en coherencia con ello. Y la única forma de proponer eficazmente esta postura sería a la manera de Jesús de Nazaret, es decir, con la entrega de la propia vida, pues esta moralidad necesita irse encarnando en la vida ordinaria para ser reconocida y aceptada, verdad moral que no se impone con la violencia sino que rompe con su círculo vicioso a fuerza de valores más altos como la justicia, el perdón y la misericordia.

Raymundo Tristán

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