Decídete a conocer la Biblia

san-jeronimo-doctor-de-la-iglesia_gDecía San Jerónimo “desconocer la Escritura es desconocer a Cristo”, y esto es verdad para muchas personas incluso entre los católicos practicantes, una espiritualidad que no hunda sus raíces en la inmensa riqueza de la Biblia pierde sin duda una gran parte de su vitalidad y efectividad; precisamente por eso el insigne San Jerónimo se dio a la tarea de traducir los textos bíblicos de sus idiomas originales al latín popular de su tiempo, esto por recomendación de su amigo el Papa Dámaso, de ahí que este mes esté dedicado a la Biblia.

Fue también la búsqueda de la firmeza en las enseñanzas recibidas por las primeras generaciones de creyentes posteriores a los apóstoles, lo que llevó a San Lucas a escribir un Evangelio y el libro de los Hechos de los Apóstoles. De igual manera vale la pena mencionar el interesante recorrido que, en tiempos muchos más recientes, realizara el pastor presbiteriano Scott Hahn hacia la Iglesia Católica a partir de un análisis riguroso de las Escrituras, después dejaría plasmado el testimonio de su conversión junto con su esposa en el libro Rome Sweet Home (Roma Dulce Hogar).

Entonces cada uno de nosotros debe sentirse invitado por el Señor a caminar acompañado por la lectura asidua, orante y reflexiva de las Escrituras, medio indispensable para profundizar en la fe y crecer en el Espíritu. Amar las Escrituras, comprenderlas y, sobretodo, ponerlas en práctica, es una meta que todo católico debe plantearse y por lo tanto buscar los medios necesarios para formarse al respecto.

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Y, por supuesto, el ámbito privilegiado para el encuentro con la Palabra de Dios, con las Sagradas Escrituras, es la Liturgia, ya que el pueblo de Dios se reúne en asamblea para escuchar la Palabra proclamada por la Iglesia y explicada con autoridad apostólica, de manera que los fieles, una vez que se han alimentado del pan de la Palabra estén mejor dispuestos e iluminados para recibir fructuosamente el Pan de Vida, Cristo, en la Eucaristía; y no solo en la Misa debe estar presente la lectura de las Escrituras Sagradas, sino en toda acción sagrada de la Iglesia.

Así pues te invito, amado lector, a abundar en el conocimiento de la Biblia, sin temores, que el Espíritu Santo ha obrado grandemente en la Iglesia dotándola con sabiduría de excelentes medios para realizar tan necesaria labor. Y esto no para convertirnos en eruditos bíblicos y mucho menos en esas gentes que viven arrojando versículos constantemente, sino ante todo por lo que dice San Pablo: “toda Escritura es divinamente inspirada y eficaz para enseñar, para convencer, corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, bien provisto para hacer toda clase de obras buenas” (2 Timoteo 3,17).

Raymundo Tristán

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