Defendiendo a la Familia

fnf

En los últimos días la escena pública de nuestro país ha sido testigo de una serie de movimientos que giran en torno al tema de la familia, suscitado por las reformas que el Presidente Enrique Peña Nieto busca introducir, vía legislativa, en el artículo 4º. de la Constitución y en el Código Civil Federal; dicha iniciativa ha provocado una contundente reacción en diversos sectores de la sociedad, Iglesia incluida, que han ido sumando su apoyo al llamado Frente Nacional por la Familia (FNF).

La acción más característica del FNF ha sido la convocatoria de manifestaciones pacíficas pro familia en diversas ciudades del país (más de 100) que se llevaron a cabo el pasado sábado 10 de septiembre con la participación de aproximadamente 1,040,000 personas. Lo mismo se realizó una manifestación multitudinaria en la Ciudad de México que congregó más de  400,000 participantes.

Tales acciones ocuparon la esfera mediática y las redes sociales por un buen espacio de tiempo, las críticas llovieron y por un momento polarizaron el debate público, los contestatarios (grandes medios de comunicación, intelectuales y grupos LGBT, principalmente) lanzaron contra el Frente acusaciones de homofobia e ignorancia e incluso de “estado laico violentado”, el FNF se defendió amparándose en la libertad de expresión y el carácter pacífico de las manifestaciones.

Esta realidad, tan polémica, nos conduce a que nos hagamos una pregunta fundamental que invita a los católicos a una reflexión serena ¿por qué es tan importante la familia? Dice el sociólogo Pierpaolo Donati que la familia se percibe ahora como un problema, “ya que parece desvanecerse su identidad específica…parece que todas las formas de vivir juntos den lugar a una familia” (La familia como raíz de la sociedad), en efecto estas palabras son muy certeras y se han convertido en el centro de los debates más actuales acerca de la familia, sin duda porque ésta sigue siendo muy importante, tanto que todos la reclaman para sí. Quiero recordar al respecto las palabras pronunciadas por el Papa Francisco en Tuxtla Gutiérrez, en el marco de su visita apostólica a México este año: “Hoy en día vemos, y vivimos por distintos frentes, cómo la familia está siendo debilitada, cómo está siendo cuestionada. Cómo se cree que es un modelo que ya pasó y que no tiene espacio en nuestras sociedades y que, bajo la pretensión de modernidad, propician cada vez más un modelo basado en el aislamiento. Es cierto, vivir en una familia no siempre es fácil, muchas veces es doloroso y fatigoso, pero creo que se puede aplicar a la familia lo que más de una vez he referido a la Iglesia: prefiero una familia herida, que intenta salir todos los días a conjugar el amor, a una familia y una sociedad enferma por el encierro o la comodidad del miedo a amar”.

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Las palabras del Papa implican otra pregunta ¿cómo ayudar a esas familias heridas a seguir cumpliendo eficazmente su misión? Esto no se logra con la creación artificiosa de “nuevos modelos de familia” que proceden de uniones que no se pueden equiparar con el matrimonio entre un hombre y una mujer, esas uniones están llamadas a entender que su naturaleza es diferente a la del matrimonio, y que éste no puede ser instrumentalizado para conseguir una serie de derechos sociales (propiedad compartida, herencias, alimentación, seguro, pensiones, subrogación de decisiones médicas, solidaridad) que para el caso deberían estar a disposición de todos los mexicanos independientemente de la relación que guardemos unos con otros, el respeto a las personas homosexuales y a las parejas del mismo sexo no se pone en cuestión, lo que se cuestiona es el deseo de reconfigurar toda la sociedad para satisfacer el reclamo de una minoría que ni siquiera en su totalidad se siente identificada con la propuesta del Presidente.

Los homosexuales ya son familia, como individuos se encuentran insertados en la realidad de una familia, provienen de una familia y tienen familia, porque también son hijos y hermanos, pero la protección de la familia, tan lastimada hoy por las lacras sociales que aquejan a nuestro país, no pasa por equiparar el matrimonio a todo tipo de uniones convirtiéndolo en un mero contrato civil que de ninguna manera representa el amor ni la autodeterminación a la que todos tenemos derecho. La situación actual de las familias exige del gobierno mexicano una acción urgente para enfrentar otras problemáticas prioritarias, exige que el gobierno democráticamente electo se ponga a trabajar junto a todas las instancias de la sociedad para conseguir aquello que ya dice el artículo 4º. sin reformar, es decir, el derecho a una vivienda, al acceso a la salud, a la cultura y el deporte, entre otras cosas; las acciones gubernamentales y sociales al respecto de esos rubros si serían un beneficio para todos, parejas homosexuales incluidas, esos sí son derechos y es ahí donde el FNF y la Iglesia también, piden al gobierno una acción responsable para todos los mexicanos.

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Por último ¿qué estamos haciendo como Iglesia? No hay que dejar pasar de largo esta pregunta, hasta ahora los católicos tenemos mucho de la culpa en que las cosas estén mal para la familia, pues hemos desaprovechado los grandes recursos de convocatoria, los espacios de encuentro y la gran riqueza humanística y espiritual que tenemos, esto ha provocado un profundo divorcio entre la fe y la vida de los que nos reconocemos cristianos. Una conciencia autocrítica del papel que nos corresponde en México, debe conducirnos a una labor más decidida y coordinada a favor de las familias, los documentos y las marchas son cosas que tienen que hacerse pero que no bastan, hace falta mucho más y es el mismo Señor Jesucristo, que quiso tener una familia en José y María, el que nos interpela hoy y nos demanda una entrega amorosa y cristiana, capaz de superar el contexto de confrontación, para que con determinación se trabaje en curar esas heridas morales y sociales que hoy padecen nuestras familias.

Raymundo Tristán

Comments

  1. Carlos M. says:

    Excelente artículo, he disfrutado mucho esta lectura, gracias Padre Raymundo por sus palabras, hay momentos en que cualquier persona nos hace sentir que los católicos estamos mal, que somos retrogradas y homofóbicos, eso merma en mi intención de querer actuar, pero con lo que has escrito me queda más clara nuestra posición en la sociedad. Que Dios te siga iluminando

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