¿Para qué estoy aquí?

maxresdefaultEs una de las grandes preguntas que se hace todo ser humano en el transcurso de su vida, una pregunta importante que también suele ser entendida como ¿cuál es el sentido de mi vida? Dichas preguntas no pueden ser respondidas con el recurso al método científico experimental porque sobrepasan los límites del mismo, no sucede como con otros aspectos de la existencia humana que reclaman más un “cómo” que un “por qué” y a los que sí puede responder la ciencia desde un enfoque físico-matemático o bioquímico e incluso sociológico.

Las preguntas planteadas, empero, no se resisten a los análisis de los instrumentos de laboratorio, existen y no las podemos evitar; esto es un hecho y contra los hechos no caben argumentos, las preguntas están y quieren ser respondidas, la razón y el corazón lo piden.

En ese sentido hay múltiples maneras de responder, desde el punto de vista filosófico, psicológico o religioso. Cada forma de responder ofrece una visión de ser humano distinta dependiendo de lo que se responda a la pregunta, cada respuesta ofrece una luz para comprender el sentido de la vida a la vez que carece de una limitación para que sea realmente satisfactoria. Por ejemplo, si decimos desde una perspectiva meramente biológica que el sentido de la vida del ser humano consiste simplemente en cumplir con los ciclos de nacer, crecer, reproducirse y morir, sin duda que estamos diciendo algo que es verdad porque no se puede negar el valor de la biología pero al mismo tiempo nos quedamos cortos porque dicha respuesta no alcanza a descubrir del todo el por qué del hombre.

La respuesta cristiana a la pregunta ¿para qué estoy aquí? es realmente simple, aunque bastante profunda, la vida, según la fe cristiana, se trata sencillamente de amar. Yo, tú, cada uno, estamos aquí para amar, no hay nada más que decir, el amor es la fuerza más poderosa del universo pues es la que subyace en su misma existencia, el universo existe fruto de un amor omnipotente al que llamamos Dios y no hay nada fuera de El que pueda ofrecerle al hombre otro propósito más alto. Sin embargo, nos encontramos otra vez con las limitaciones propias de todo lo que sea humano, ahora nos preguntamos ¿en qué consiste el amor?

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La Biblia enseña que “en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que El nos amó primero” (1 Juan 4,10). Y es verdad, el hecho mismo de la existencia prueba que todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido, existir es ante todo una experiencia de gratuidad, somos porque hay algo o alguien que se da, nos da, nos hace ser. Pues el amor está en consonancia con ello, amar es dar porque se ha recibido, y como todos hemos recibido todos estamos llamados a dar, la realización del amor no es otra cosa que el aprender a darse uno mismo a los demás, es ser yo dejando de estar en mí para estar en los demás y, paradójicamente, estar entonces más en mí como nunca hubiera podido estarlo.

Este amor que se nos ha dado nos hace participar de un estado de dicha enorme y perfecta, que trasciende las puertas mismas de la muerte y con ellas de todo lo humanamente imposible.

“Tu amor es más fuerte que la muerte” (Cantar de los Cantares 8,6)

Raymundo Tristán

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