Un Mirada de Fe (parte 1)

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En Romanos 3,23 san Pablo asegura que el hombre es justificado por la fe, es decir, la fe transforma al hombre pecador en santo, poniéndolo así en una nueva situación delante de Dios, claro está que la fe misma es una gracia de Dios, por lo cual es El quien toma la iniciativa.

Tal convicción es para gozarse y saltar de júbilo, y para sumo consuelo ya que con nuestras solas fuerzas no podríamos alcanzar una situación tan dichosa. Sin embargo, la fe no puede ser solo para algo de cara al futuro, cuyo fruto no se entrelace con nuestras decisiones actuales, con nuestra disposición ante las cosas de la vida. Quizá por ello muchos se preguntan ¿qué resultado puede obtener la fe en la vida del hombre moderno? Una cuestión como esa resulta profundamente incisiva, ya que hoy en día nos hemos acostumbrado a una eficacia de efectos casi inmediatos para todo lo que nos involucra.

Si acudimos a los evangelios encontraremos aquellos pasajes donde Jesús se encontraba con algunas personas y les concedía lo que pedían, muchas veces cosas grandiosas, a través de un diálogo cercano, lleno de autenticidad, en el que resaltaba siempre la fe de sus interlocutores. Por esa fe eran bendecidos, unas veces con la salud, otras con un milagro, otras con el perdón de los pecados, así lo vemos en Mateo 8,2 y 15,28, y en Marcos 10,52, por mencionar solo unos ejemplos.

El Catecismo de la Iglesia Católica señala que por la fe el hombre acepta la invitación de Dios a la comunión amorosa con El (142), entendemos así que la fe es eminentemente relacional, está diseñada para poner al hombre en relación con Dios, relación que no es meramente intelectual, sino que abarca toda la persona en su misterio, como sostenía Jean Danielou, la fe es verdaderamente un humanismo integral (Cfr. Mitos paganos, Misterio cristiano). Esclarecedor al respecto es el pensamiento de Benedicto XVI sobre la fe, para el Papa emérito la fe es “un contacto profundamente personal con Dios, que me toca en mi tejido más íntimo y me pone delante de Dios vivo en la inmediatez absoluta para que pueda hablar con él, amarlo y entrar en comunión con él” (entrevista del 16 de marzo de 2016 por Jacques Servais).

Si la fe es tal realidad, entonces tiene que convertirse necesariamente en la principal fuerza motora de la existencia humana concreta, de la vida del creyente en lo personal, pues compromete todas sus dimensiones y potencialidades. Por eso conviene preguntarse si somos capaces de asumir la vida desde una perspectiva de fe y de afrontar la realidad desde aquella disposición de ánimo que caracterizaba al Salvador, de si es posible en definitiva tener, en medio de las necesidades acuciasteis que reclaman nuestra solicitud para verse satisfechas de manera inmediata, una mirada de fe, una mirada que haga posible que seamos mejores seres humanos, mejores personas para un mundo mejor.

Continuará…

Raymundo Tristán

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